Jade
Desde hace más de 5.000 años se utiliza el jade en China como material para fabricar utensilios y adornos. A lo largo del tiempo se desarrolló un verdadero culto del jade. Los objetos de jade tenían (y tienen) fama de amuletos que atraen la suerte. En sus orígenes el jade era tan duro y resistente como ningún otro material. Por ello se utilizaba también para elaborar armas y herramientas. En America prehispánica el jade era más valioso que el oro, para los mayas y aztecas; lo llamaban chachauitl. Jade es una denominación que reúne dos características. No se trata propiamente del nombre de un mineral. Estas características son el contenido mineral y la estructura. Jade denomina dos minerales, Jadeita y nefrita. Para poder ser denominado como jade los dos deben estar presentes como agregados en forma de gránulos muy finos o fibras entrelazadas. La jadeita forma sólo muy escasas veces verdaderos cristales. La nefrita es un mineral; es los más comunes y menos valiosos de los dos tipos de jade que existen, siendo el otro la Jadeita. Es un silicato cálcico de magnesio o de hierro, de fórmula Ca2 (Mg, Fe)5(OH)2(Si4o11)2, que propio de rocas metamórficas. Suele aparecer como agregados compactos de fibras entrelazadas que pueden ser translúcidos u opacos y, normalmente, de color verde y moteados de tonos más oscuros. Se distingue de la Jadeita por su brillo aceitoso y porque se astilla al fracturarse. Se da con cierta abundancia en Canadá, China, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Taiwán y Asia Central. Tras la llegada del jade de América a Europa, se asociaron a la nefrita propiedades curativas para los cólicos y dolores de espalda o de riñones por lo que recibió el nombre de lapis nephriticus que significa piedra del riñón.