Amatistas _
Hay una leyenda con la que Aristóteles explica el origen griego del nombre de estas gemas
Amétis, o ametisthos; era una ninfa bellísima , quien había hecho el voto de castidad y amor a Artemisa. Su belleza suscitó el deseo de Dionisos. Alcanzada por él, mientras el Dios estaba apunto de poseérla rogó a Artemisa que la salvara. La diosa escuchó su plegaria y la transformó en un estatua de cristal de roca; el perseguidor Dionisos lleno de remordimiento por lo que había hecho, virtió una copa de vino tinto, bendiciendo a la estatua, en recuerdo de Amétis, prometiendo que quien la toque evitara desde entonces los insanos excesos. Precisamente debido a esta leyenda, el uso de esta gema se extendió en poco tiempo. Sus cualidades de equilibrio, transmutación, y calma son muy conocidos.
Catalina II la Grande era una emperatriz rusa apasionada por las amatistas. En la colección de joyas de la Corona Británica también hay buenos ejemplares de amatistas. Se trata de una piedra apreciada tradicionalmente por el clero, tanto en joyería como en las decoraciones de iglesias y catedrales
Tlapaltehuilotl: amatista. En maya _ quiche